Dra. Michèle VerschooreDermatóloga, Miembro del consejo de la Fundación de la Academia de Medicina
El tabaco disminuye la circulación sanguínea y reduce el flujo de oxígeno y nutrientes hacia la piel, lo que perjudica su salud y luminosidad. Además, provoca la degradación del colágeno y la elastina, causando la aparición de arrugas y flacidez cutánea. También afecta los niveles de ácido hialurónico y ceramidas, comprometiendo la hidratación y la barrera protectora de la piel. El alcohol, por su parte, deshidrata la piel. Esto puede provocar sequedad, tono apagado y líneas finas.